8- Fondo blanco

Quizá, un
día llegue-
mos a que-
rernos del
modo en que yo lo
imagino. ¿Quién sabe?,
tal vez el día en que le encon-
tremos la verdad al asunto del a-
mor estemos juntos. Nuestro abra-
zo fornicándo de prepo al pesimis-
mo colectivo, que tanto nos dis-
trae y corroe. Voy a hacer el
esfuerzo de escribir de un
sólo trago esta botella, pa-
ra dejar caer en ella las go-
tas del exilio de los ojos de
mis quejas. (Los rayos de los
soles de tus muecas evaporándo-
nos con su calor, que fue frío algu-
na noche de verano.) Y no en vano
voy a seguir, porque te quiero decir, a-
ún, una palabra: probá. Probá de esto, a-
quello y mi botella. Probar es lo que va a
salvarnos de nosotros mismos. Reengendrá
la furia tornándola caricias amables, tornán-
dola serenatas borrachas, tornándola rombos
equiláteros de amor. Sorbé del culito de este
botellón ponzoñoso. Averiguá mi dirección
y escrachala con remitente al dorso, y en
fulgor. Bebé estas tres últimas líneas
que te he guardado con el pecho.
Después ya no habrá nada.

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