16- Amateur irreverente contacta con profesional introvertido

Bueno sería que despegues en fulgor. Y que arremetas con acrobacias impertinentes, practicando la misma confianza que te tenías cuando creíste que te podía pasar algo. O mejor aún, que te veas abrumado por conciliaciones inesperadas, o por irritaciones de colas como las que provocás en tus sadoamantes, que apenas cruzan los dieciséis, y que es, en realidad, todo aquello por lo que andás bailando con pasos que responden a pretensiones jactanciosas. Pero la noche de este día viene caminando de culo y demostrando aptitudes hasta hoy desconocidas en el esquive de puntinazos. La noche de hoy trae la cara de ganar en el terreno mismo donde todos la creyeron derrotada y sodomizada, con vicios de inescrupulosa. ¡Y le creémos! No porque practiquemos en el cielo las deseadas posiciones de acabar que se ejercen en la luna. Sino porque, en apariencia, tiene pensado vendernos el acceso a la mecha que despunta los petardos que la localía tenía pensada para sí, la noche misma en que todos gritaríamos su puto nombre. Es decir: prepará el corazón para la sorpresa que te tiene fabricada. Dejáte transgredir y jugá con perfil de principiante el match que está por empezar en cuanto ella haga sonar con su tierna y babosa boquita tu silbato; los dos prestos a entregar lo mejor que tienen dentro, después del chirrido que anuncia la verdad que habrán de estrenar durante ese combate. Yo te conozco, y no tenés nada. Así que poco importa lo que creas podés perder; trepáte decidido al furgón en el que viajan los que arriesgan la absurda comodidad de una vida sin problemas, repleta de inacción.
Apostaste todo a los sueños y te quedaste sin fichas para la realidad. No digo que esté mal, y bien sabemos que si algo no voy a pedirte es mesura, pero si lo que ha prevalecido, al fin, es el desequilibrio, significa que todo va para la mierda. Y eso no es lo tuyo (asumo que no sobreviviría a un “¿y qué es lo mío?” de contragolpe). Y hasta puedo acomodarme, con habilidad, del lado de tus papitos:
-¡Eso no es lo que queríamos para vos, nene!
Vos, pendejo, has sido despabilado con la crueldad que escupen los buenos libros; esos que cuestan caros o que cuesta un huevo encontrar en precio módico. Vos no podés pecar de pelotudo mientras creés que hacés historia. Ni siquiera lo tengo pensado para mí, y bien sabés lo poco que me quiero. Te puedo presentar diez personas, por lo menos, que han aprendido algo de tus propuestas; pero algo importante, eh, no banalidades para quedar perfectamente parado en una charla de bar sobre la hora de cierre. Te dejaste atrapar, pelandrún; te comieron las bolas las pirañas mientras pensabas que te dabas una ducha rápida en el río. ¡Cómo te engañaste! ¡Cómo nos engañaste! Te dejamos un rato solo, no para corroborar la confianza que te teníamos porque toda esa confianza era y se sentía como real. ¡Y, carajo, lo era! Pero te encargaste personalmente de armar un hermoso quilombete... Así que aquí nos ves, simulando los ronquidos de la siesta que te tocaba dormir a vos. Todo eso nos diste, y ahora estamos acá, en fila, como boludos adiestrados, a punto de cagarte a cascotazos. ¡Y me la van a chupar los que dicen que no puedo tirar la primera piedra! ¡Te las voy a tirar todas, hijo de una gran puta! Vos no podés obligarnos a padecer las consecuencias de tus equivocaciones. Cargá con ellas sobre los hombros, con la misma gracia que, nos contabas en reuniones, había impreso en todo lo que llevabas a cabo.

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