29- ¡Qué tarde se hizo!
Como que perdimos la gracia, ¿no? Ya no tenemos la fuerza de los remolinos que metimos en la cama las primeras veces. El sexo se hizo brisa y para hacer el amor estamos viejos. Nos sobran canas para recién pisar los treinta. Fuimos locomotoras, sombras estrechadas. Fuimos reyes, vikingos y también Colón. Hemos sido, por momentos, grandes hijos de putas. Fuimos la fruta puesta al fresco en el champán. La tertulia consagrada que desbanda sobre las seis de la mañana. Fuimos tal para tal sin cual, y ése fue el error. No pudimos zafar del pánico, del tedio ni del fragor. Gastamos el mazo de las sorpresas jugando un solitario, cada uno por su lado. Fuimos la vergüenza que descascara y que presume su defalco. Pero el talco va en los pies y no en la cara, así que ya es tiempo de dejar de maquillarnos.
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