28- El museo de mi yo

Pase y vea el museo de mi yo.
A su derecha mis ratones,
que cultivé a mis dieciséis,
con todo el amor que me quedaba.
A su izquierda el recuerdo de mis sueños,
que he derrochado antes de ayer
para poder montar este museo.
Por el centro de hall encontrará usted mi depresión,
haciendo malabares para tornarse imperceptible.
Por encima podrá ver mi visión de futuro,
es esa línea negra, borroneada, que divide en dos
mis ansias y mis atropellos carismáticos.
Si se fija usted bien,
detrás de la columna de mi ego,
donde termina la alfombra roja,
que representa cuanta actitud impaciente practico,
y sobre un colchón de cáscaras de limones,
descansa la figura de ella,
que es exactamente con la primera que soñé
y a quien dediqué, acaloradamente,
mi última masturbación,
hoy mismo, antes de venir a la inauguración
de este museo: el museo de mi yo.

Me aconsejaron que el ingreso sea gratuito,
pero como no me atrevo pienso pagar muy bien.
No habrá ningún invitado de lujo,
van a ser todos invitados de calle.
Serviremos un lunche, como a las seis,:
empanaditas hojaldradas con aceites corporales.
Aceptamos sugerencias y reclamos,
si es que la muestra resulta insuficiente.
Y si le falta un diente, por lo menos,
tenemos dentista en un stand.
Linda con el quiosco que vende presuroso,
en precio que no ha engordado por aduana,
la sotana y la madama que jamás utilicé.
También se oferta una jeringa,
que es herencia de un conquistador de atajos;
lo conocí calle abajo, donde rompe el bulevar.
En la esquina del sol habrá tormenta,
será a eso de las siete, si hay convocatoria.
Si no se consigue quórum, improvisaremos murguita
con señoras en tanga y lentejuelas que
los harán sentir vivitos y culeando.
Así que mejor no pase la pelota,
tire a su mujer y a sus hijos en la vereda,
y venga sin preservativos,
ya que intentamos que el asunto sea natural...
Si liga algún virus postmoderno
se lo descontamos del importe;
no hay soporte sin aporte de los riesgos.
Y no tire el ticket porque pierde el seguro.
Imagine si hay sismo y usted no está protegido,
Richter 9,2,
montañas, cerros y bombachitas abajo;
todos al centro por las grietas de la tierra,
a beber la lava del medio de tus piernas.
Luego:
final feliz, finoli y fetuccini.
La muestra abre hoy y clausura antes de ayer.
Venga solo o mal acompañado, si prefiere,
pero venga, por favor,
porque esto es,
leidis an chentelmans,:
el museo de mi yo.

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