2- Circulo Vicioso

De movida, puedo hacer el desesperado intento de llamarte. Pero no tengo ni la más mísera intención de escuchar lo que tenés para decirme. Lo que necesito oír es lo que deseo me digas. Quiero escuchar la respuesta que se libera de tus labios pero que tuvo ensayo en mi obseso. O sea... ¡bah, está clarísimo! Ésta es mi perversión. Mi pequeño y síquicoP inconveniente. No quiero la relación que viene con vos, y que acaba gestándose con lo que me toca poner a mí. Quiero lo que me das y lo que yo te digo, mientras vivís en esta cabeza que es la que ordena que yo te escriba en esta hoja; redondamente, es lo que deseo. Es todo este rollo lo que engendra mi naufragio poético-patético. Éstas son mis exigencias, y con esto, y nada más, te sobra para no prestarme tus cochecitos.
Por eso no te llamo. No me interesa tu vida sin mi vida por dentro y por fuera de ella. Me interesa más nosotros, sin voses ni yoes. No necesito terquedades, las tengo en casa y las pateo por no alcanzarme los baúles. Alguien quiera que nunca escuches mi plegaria. Ni la puesta en escena ordinaria que te supe preparar. Me canso de repensar anhelos, de repetir desvelos y de insinuar consuelos para penas que nunca tocan tierra. Existe un barco capaz de espiar, primero, para hundirse cuando nadie lo ve. Experto en regenerarse y volver a procrear para terminar en símiles finales. No prefiero tus discursos pero aprendí a digerirlos para no andar vomitando culpas. No es que me perdone ni te. Pero hay ciertos asuntos que se resuelven a solas. Sin bocas, ojos o estrofas puntiagudas. Secamente a solas. Sin martirizaciones conjuntas. Sino en plena y absoluta quietud, terca y solitaria.
Es sólo por eso que no quiero oír de vos ni presumir mis conjeturas. Te quiero con el cuerpo del calor que, asumo, se parece a la locura que te escribo. Y te obligo a creer que prefiero varar, que prefiero la quietud posterior del encallado sorpresivo a la indescifrabilidad del caos de la hoja en blanco que estoy por dispararte. Podés, bien, tomarlo como ruina de algo que, se dice, ha sido una escritura, o creer con automática ceguera en la estructura del amor que te guarda lo que digo. Habrá que hacerse cargo de cada uno de nosotros. Inventar un nuevo esfuerzo y tolerarnos. Doblar la apuesta y encontrarnos. ¿Quién sabe?, quizá vos para mí y a la inversa...
¿Y si sólo se trata de sacarse las pantuflas y tirarse a la pileta en bolas?
Así que así me quedo, con temor a deslizar un remitente.

No hay comentarios.: