¿Será que la ansiedad que nos aqueja a los escritores (los llamados `no consagrados´, claro es) es estrictamente necesaria para esta actividad (o necedad), y que, lejos de ser un mal o un padecimiento, es, en realidad, nuestra virtud mejor, nuestro máximo impulso creativo, y que si nos separásemos de ella entraríamos automáticamente, aunque creyendo ingresar en el paraíso de la creación inmediata, en un pantano pegajoso y alquitranado donde cualquier estupidez que se nos ocurra gozaría de una autorización errónea e inconsciente, eludiendo nuestra clasificación consciente y lúcida, que no es más que la calidad que pretendemos en nuestros párrafos? ¿No es, acaso, normal que una persona que intenta escribir pretenda primero vivir y experimentar en suficiencia las cosas para que cuando toque a su puerta la hora de su transferencia literaria esté ya parada en un campo lo más parecido al campo perfecto y lo más omnipotentemente segura para lo que intenta decir y comunicar? ¿No sería, entonces, mejor decir que uno de los tipos de seres “menos ansiosos” que habitan sobre esta tierra son los escritores, ya que esperan, con voluntad estoica, mucho más de media vida, peleando contra sus miedos más internos y eficaces, instruyéndose con autodidactismo ciego, autodidactismo que sólo responde a corazonadas personales, y que no le garantizan ninguna calidad ni razón en las palabras, ni cohesión de las mismas, con las que va a intentar poblar sus escritos en el momento que se sienta y crea preparado para ello?
Sí.
Entonces, acabo de caer en la cuenta, somos nosotros, los escritores, mientras se nos dice con insistencia: “no sean ansiosos”, los seres más preparados para consumir y soportar estados sostenidos y apuntalados de paciencia durante largos, larguísimos, eternísimos, años; ignorando, hasta el preciso momento en que sonó nuestro timbre de casa, que cuanto habíamos escrito durante esa espera, que pareció salada y que acabó demostrándonos que, en realidad, era dulcísima, que todo ese proceso era sólo la búsqueda, primero, y el aprendizaje, después, del estilo propio de escritura.
Y aunque nuestros timbres estén siempre rotos, dado que generalmente no esperamos ni pretendemos visitas, esa campanada, esa llamada, ese cachetazo, ese palazo en la cabeza, esa hermosa patada en el culo, es el único grito que acabamos oyendo con fidelidad cuasi absoluta; cuasi porque somos adictos a la difusión de los contornos, porque pocas son las cosas y asuntos que se nos manifiestan con claridad y definidas con exactitud delante y al alcance de nuestros sentidos. Lo que terminamos haciendo es poner mucho de nuestra orientación natural. Esa es nuestra jactancia y devoción: la orientación que vicia lo extrasensorial.
Mis respetos, renovados, entonces.
(Dijo alguien:
…”quizá todo cambie con el tiempo... pero, por ahora, la situación viene siendo así: soy demasiado inteligente para decir “sí, señor” y demasiado perezoso para el resto de las actividades laborales”…)
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1 comentario:
comentario incompleto inspirado en la entrada nro 39:
bueno, no tenia idea de por cual empezar, asi que ya que me diste un empujoncito hacia este apartado aqui vamos:
es normal leer algo y tomarlo para el lado que a uno le convenga. eso pasa sin planearlo, cada uno está parado en tal momento de su vida y el negro le va a parecer mas oscuro, o algo azulado segun el instante en que lo mire. lo mismo pasa con el blanco, que puede ser radiante u opaco depende de la instancia de vivencias que se vayan sucediendo en ese lapso de tiempo que se está leyendo exposiciones de pensamientos prestadas.
el primer sorbo de vino siempre va a ser diferente. depende de la cepa, de la cosecha, de la bodega. yo formo parte de los que NO matariamos porque la raya sea exactamente igual a la primera. aventura. sorpresa. bajones. decepciones. alegrias. todo los sabores que deriven de ese sorbo vienen bien, no importa si termino escupiendolo a un costado y pasandolo con agua, o si prefiero saborearlo un rato y beber la botella entera. adicta? la realeza es para UNO solo.
paz: cuando la cantidad de personas que esten dispuestas a dar la vida por ella sin matar absolutamente a nadie, se armen de valor y expongan en cada aspecto de su vida que la paz es lo que eligen y cada uno de sus actos se llene de amor al projimo, entonces podremos empezar con el de al lado, y cuando sea mayor a la cantidad de gente dispuesta a ir a la guerra por ideales plenamente terrenales (no me vengan con guerras ''santas''), la habremos conseguido.
tiempo del infierno: nosotros mismos y nuestros auto-abismos.
haraganes: claro, razones sobran y se puede llegar a encontrar validez en ellas.
hegemonia: lamentablemente...
sexo: (jaja) tendria que escribir un apartado larguisimo para exponer lo que pienso, y no lo entenderias.
locura: mi forma de ser.
tetas: demasiadas, para mi gusto!
incomodidad: expresiones esperando a salir como un alien desde bien adentro.
arrugas: en la cara? prueba visible de la cantidad de sonrisas que llevo en mi vida.
inquietud: uf. me sobra, pero se es precavido al depositarla en los demas.
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