Un absurdo... Nombré,
algunas líneas atrás, la palabrita de mierda: “inquisición”. A
ver, a ver... En este continente (no sé cómo es que piensan en los
otros continentes, pero creo que ninguno queda afuera de este
acechamiento clásico a lo largo de la historia, lo que me lleva a
conjeturar que todos debemos tener una opinión formada acerca de
este respecto) se cree que la inquisición fue algo que ocurrió hace
mucho tiempo y que sólo afectó (“sólo”, en este caso,
comprende y abarca un universo lleno de delitos...) a la vida de
todos los hombres, de todas las mujeres, de todos los niños y de
todas las niñas que lo poblaban y también a los recursos y a los
animales que habitaban estos lares; todavía se piensa, por acá, al
sometimiento español, inglés, portugués, francés, holandés, más
todos los que olvido o desconozco, como algo que pertenece a un punto
muy lejano en el horizonte histórico, que ya no infiere fuerzas ni
mandatos sobre nosotros, sino que sólo está destinado a llenar y
llenar hojas y más hojas de todos los libros y enciclopedias que nos
recomiendan frecuentar a la hora de saber sobre determinado tema
alusivo a este segmento de nuestra historia que adjudicamos al pasado
lejano pero que no sabemos cuánto, aun, hace mella sobre nuestro
lomo. Las inquisiciones son brutales y abusivas en las primeras
instancias, pero luego del sufrimiento sanguinolento viene el peor de
todos los sufrimientos: el sufrimiento cultural. El padecimiento
cultural es una larva, un parásito, que primero se incrusta debajo
de la piel, sin denotar marca alguna ni despertar dolor que actúe
como alarma, es un trabajo anónimo pero bien programado, es una
enfermedad inyectada día a día, mes a mes, año a año, siglo a
siglo, que crece y que inyecta con tiempos y dosis proporcionadas,
progresivas, y cuya programación apunta a oxidar los simientes
locales, lentamente, inadvertidamente, malogrando las creencias
establecidas para dar lugar al enquistamiento de otras, las
inquisitivas supremas, las nuevas, las neoverdaderas, las encargadas
de proyectar la hegemonía tan pretendida. Prueba de ello es que,
surcando el año 2011, todavía, todo lo que no se concibe en tierras
que hablen la lengua española o castellana, sea artístico,
pedagógico, científico, deportivo, sexual, ideológico y demás,
pasa por las manos de nuestros antiguos inquisidores sanguinolentos y
actuales inquisidores culturales, para ser traducido, masticado,
digerido y devuelto a estas tierras y a estas recepciones bajo un
tratamiento inevitablemente inquisidor, puede que en algunos casos
sin propósito, pero es evidente que en otros lo conserva, que llega
hasta nosotros con ese olor que da el oriente, ese olor malversado y
“civilizado”, tan despreciable y en supuesto liberal, pero que es
presa inconsciente, como nosotros, de los mismos objetivos que se
traman a tan altas esferas, a tan inaccesibles alturas, que sólo
siendo rey o monarca o tirano (lo mismo es, en realidad) se lo puede
saber o advertir. Así recibimos los rubíes que nos nutren. Así nos
van llenando, seis siglos después, con la misma mierda con que nos
llenaron siempre, y conque llegaron, de la mano de colón, las
aspiraciones de expansión que tanto describen a las naciones
europeas. Y tan hondo han calado con toda esa parafernalia que
desembarcaron por primera vez en el Puerto de Palos, que hoy día aún
nos encuentran confusos acerca del camino a caminar como Comunidad
Latina, como personas que habitan este continente desde siempre; tan
bien saben hacer estas violaciones territoriales que, poco menos de
seiscientos años después, y con la ventaja de la Internet, todavía
nos encuentran dudando y debatiendo en nuestras reuniones de
diputados y senadores cuántos pesos es que vamos a cederles en
subsidios por el “desgaste” que han “padecido” al tomar,
conglomerar y trasladar todos los recursos que afloran de estas
prolíficas tierras hacia las suyas, hacia las tierras europeas, que
ya están secas de tanto maltrato y negación entre semejantes.
¡Vamos bien! ¡Vamos muy bien, ¿no?! ¡Nuestro deber es imitar a
Europa! ¡Adelante! ¡Aquí les damos todo el petróleo, “Shell”,
como desde hace más de un siglo, en ofrenda del saber que nos
aportan para encarar nuestro futuro en pos de poder vivir
encastillados como lo hacen, tan cómodamente, ustedes. ¡Queremos
saber y practicar fielmente la fórmula mágica que aprehendieron y
que pudo lograr que una sola familia sea merecedora de un palacio y
de todo un regimiento de mayordomía que esté dispuesto, ciegamente,
a seguirlos, a acariciarlos y a dejarse embarazar por ustedes sin
esbozar o poder esbozar un sólo reclamo. ¡¿Cómo lo logran?! ¡Esos
son los libros que queremos leer!: los libros que nos aporten los
secretos... ¡no otros! ¡Es mentira que deseemos encumbrarnos con
lecturas profundas como Don Quijote de la Mancha, Los Miserables,
Casa de muñecas, El corazón de las tinieblas, Más allá del bien y
del mal, El duelo, Memorias del subsuelo, Los crímenes de la Rue
Morgue, Crimen y castigo...! Si por nosotros fuese, les regalamos los
escritores y nos quedamos con los músicos... ¡menos con Wagner, por
respeto a Fredrich! Queremos más renegados, queremos más Pink
Floyds, más Lennons, más Beethovens, más Tchaiskovskis, más
enduros, pura sangres, queremos los carnavales... ¡Les respetamos,
cierto es! Borges, J. L., lo prueba en cada libro que decidió
editar... Pero el hijo de puta nunca salió de la fortaleza de sus
padres... Así que tampoco nos mostramos abiertamente como sus
defendedores, como él lo ha hecho. Los respetamos y ya... No imagino
a Borges agarrando una cuchilla ni para partir una cebolla, así que
menos puedo dar por cierto esos poemas que retrataban cuchilleros del
viejo, viejísimo, Buenos Aires. Un sólo texto le respeto al señor
de las mil y una sombras entrelazadas intraocularmente: he
cometido el peor de los pec...
¡La única vez que mostró su corazón! ¡La única vez que demostró
ser una persona con deficiencias! Yo, al menos, no pido más que eso
a escritores...
(música)
Necrolatría.
f. Adoración tributada a los muertos.
(música)
1 comentario:
Después de leer esto me arrepiento de no haberme llevado un libro tuyo, aunque Historias desaforadas de Bioy Casares no está nada mal.
Publicar un comentario