63- Capítulo K de Súperojo, Novela.


Un absurdo... Nombré, algunas líneas atrás, la palabrita de mierda: “inquisición”. A ver, a ver... En este continente (no sé cómo es que piensan en los otros continentes, pero creo que ninguno queda afuera de este acechamiento clásico a lo largo de la historia, lo que me lleva a conjeturar que todos debemos tener una opinión formada acerca de este respecto) se cree que la inquisición fue algo que ocurrió hace mucho tiempo y que sólo afectó (“sólo”, en este caso, comprende y abarca un universo lleno de delitos...) a la vida de todos los hombres, de todas las mujeres, de todos los niños y de todas las niñas que lo poblaban y también a los recursos y a los animales que habitaban estos lares; todavía se piensa, por acá, al sometimiento español, inglés, portugués, francés, holandés, más todos los que olvido o desconozco, como algo que pertenece a un punto muy lejano en el horizonte histórico, que ya no infiere fuerzas ni mandatos sobre nosotros, sino que sólo está destinado a llenar y llenar hojas y más hojas de todos los libros y enciclopedias que nos recomiendan frecuentar a la hora de saber sobre determinado tema alusivo a este segmento de nuestra historia que adjudicamos al pasado lejano pero que no sabemos cuánto, aun, hace mella sobre nuestro lomo. Las inquisiciones son brutales y abusivas en las primeras instancias, pero luego del sufrimiento sanguinolento viene el peor de todos los sufrimientos: el sufrimiento cultural. El padecimiento cultural es una larva, un parásito, que primero se incrusta debajo de la piel, sin denotar marca alguna ni despertar dolor que actúe como alarma, es un trabajo anónimo pero bien programado, es una enfermedad inyectada día a día, mes a mes, año a año, siglo a siglo, que crece y que inyecta con tiempos y dosis proporcionadas, progresivas, y cuya programación apunta a oxidar los simientes locales, lentamente, inadvertidamente, malogrando las creencias establecidas para dar lugar al enquistamiento de otras, las inquisitivas supremas, las nuevas, las neoverdaderas, las encargadas de proyectar la hegemonía tan pretendida. Prueba de ello es que, surcando el año 2011, todavía, todo lo que no se concibe en tierras que hablen la lengua española o castellana, sea artístico, pedagógico, científico, deportivo, sexual, ideológico y demás, pasa por las manos de nuestros antiguos inquisidores sanguinolentos y actuales inquisidores culturales, para ser traducido, masticado, digerido y devuelto a estas tierras y a estas recepciones bajo un tratamiento inevitablemente inquisidor, puede que en algunos casos sin propósito, pero es evidente que en otros lo conserva, que llega hasta nosotros con ese olor que da el oriente, ese olor malversado y “civilizado”, tan despreciable y en supuesto liberal, pero que es presa inconsciente, como nosotros, de los mismos objetivos que se traman a tan altas esferas, a tan inaccesibles alturas, que sólo siendo rey o monarca o tirano (lo mismo es, en realidad) se lo puede saber o advertir. Así recibimos los rubíes que nos nutren. Así nos van llenando, seis siglos después, con la misma mierda con que nos llenaron siempre, y conque llegaron, de la mano de colón, las aspiraciones de expansión que tanto describen a las naciones europeas. Y tan hondo han calado con toda esa parafernalia que desembarcaron por primera vez en el Puerto de Palos, que hoy día aún nos encuentran confusos acerca del camino a caminar como Comunidad Latina, como personas que habitan este continente desde siempre; tan bien saben hacer estas violaciones territoriales que, poco menos de seiscientos años después, y con la ventaja de la Internet, todavía nos encuentran dudando y debatiendo en nuestras reuniones de diputados y senadores cuántos pesos es que vamos a cederles en subsidios por el “desgaste” que han “padecido” al tomar, conglomerar y trasladar todos los recursos que afloran de estas prolíficas tierras hacia las suyas, hacia las tierras europeas, que ya están secas de tanto maltrato y negación entre semejantes. ¡Vamos bien! ¡Vamos muy bien, ¿no?! ¡Nuestro deber es imitar a Europa! ¡Adelante! ¡Aquí les damos todo el petróleo, “Shell”, como desde hace más de un siglo, en ofrenda del saber que nos aportan para encarar nuestro futuro en pos de poder vivir encastillados como lo hacen, tan cómodamente, ustedes. ¡Queremos saber y practicar fielmente la fórmula mágica que aprehendieron y que pudo lograr que una sola familia sea merecedora de un palacio y de todo un regimiento de mayordomía que esté dispuesto, ciegamente, a seguirlos, a acariciarlos y a dejarse embarazar por ustedes sin esbozar o poder esbozar un sólo reclamo. ¡¿Cómo lo logran?! ¡Esos son los libros que queremos leer!: los libros que nos aporten los secretos... ¡no otros! ¡Es mentira que deseemos encumbrarnos con lecturas profundas como Don Quijote de la Mancha, Los Miserables, Casa de muñecas, El corazón de las tinieblas, Más allá del bien y del mal, El duelo, Memorias del subsuelo, Los crímenes de la Rue Morgue, Crimen y castigo...! Si por nosotros fuese, les regalamos los escritores y nos quedamos con los músicos... ¡menos con Wagner, por respeto a Fredrich! Queremos más renegados, queremos más Pink Floyds, más Lennons, más Beethovens, más Tchaiskovskis, más enduros, pura sangres, queremos los carnavales... ¡Les respetamos, cierto es! Borges, J. L., lo prueba en cada libro que decidió editar... Pero el hijo de puta nunca salió de la fortaleza de sus padres... Así que tampoco nos mostramos abiertamente como sus defendedores, como él lo ha hecho. Los respetamos y ya... No imagino a Borges agarrando una cuchilla ni para partir una cebolla, así que menos puedo dar por cierto esos poemas que retrataban cuchilleros del viejo, viejísimo, Buenos Aires. Un sólo texto le respeto al señor de las mil y una sombras entrelazadas intraocularmente: he cometido el peor de los pec... ¡La única vez que mostró su corazón! ¡La única vez que demostró ser una persona con deficiencias! Yo, al menos, no pido más que eso a escritores...
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Necrolatría. f. Adoración tributada a los muertos.
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1 comentario:

Anónimo dijo...

Después de leer esto me arrepiento de no haberme llevado un libro tuyo, aunque Historias desaforadas de Bioy Casares no está nada mal.