Si supiese quién manda,
si llegase a creerme el asunto
de que necesitamos andar cerca y de trasnoche,
vos, yo, ambos y nosotros ¡seríamos tan otros!
Tan capaces de equivocar la libertad
con ciertos pases que hacen de la paz
tanta magia y del mago el singular
asunto que de tanta joda acaba en seriedad
y que aprende a ilusionar enseñando hipocresía.
Si supiese estar conmigo y convivir en paz,
si llegase a troquelar esta arrogancia
de mi ‘quiero estar con vos sin correr riesgos’,
tetas, cielos, culos y verdades serían:
toda una manera de desternillar un pelotón,
ordenado y eficaz,
utilizable en guerras y en kermesses;
percutor, pan, arroz y municiones
jugando a ser maricones de reunión.